¿Qué nos queda de Mario Benedetti?

Tengo un mañana que es mío
Y un mañana que es de todos
El mío acaba mañana
Pero sobrevive el otro.
Mario Benedetti


SANDRA DE LOS SANTOS

Jamás estreche tu mano, ni compartimos una velada juntos, no pudimos leer poesía hasta que los ojos se nos hincharán, no pude agradecerte que me presentarás a Eduardo Galeano, ni tampoco que pudieras escribir todos mis sentimientos juntos en una poesía, que me adivinaras el pensamiento.
Ayer me enteré de tu muerte, Mario y me puse inmensamente triste, me encontré a varios, que como yo, desde sus casas lloraban porque tus manos ya no van a poder escribir nada y lo que nos dejaste se ve ahora tan insuficiente.
Me metí a todos los foros en la red que hablaban de ti, quería compartir mí perdida con alguien y me encontré a muchos. Una señora contó que le puso a su hija como nombre Laura Avalleneda, así como bautizaste a tu personaje de La Tregua, tu muerte nos trajo tanta nostalgia.
Te conocí en San Cristóbal a mis 14 años de edad, en una tarde tan fría que salir podría resultar un acto de suicidio, así que me quede y Valeria, una gran amiga, te llevo a mis manos. “Te va a gustar, es Mario Benedetti” me dijó. El libro era “Con o sin nostalgia”. De ahí ya no te pude soltar.
Me encanta hablar de ti, eres muy buen tema de conversación, cuando encuentro a alguien que te conoce me puedo pasar horas hablando de “Los cumpleaños de Juan Ángel”, “La borra del café”, de “Pedro y el Capitán”, “La Tregua”, “el país de la cola de paja”, de tus cuentos, ensayos y poemas.
En una ocasión entre una librería buscándote y me dijeron que no estabas, pero el que me podía atender era un paisano tuyo y que si contigo me la pasaba bien, con él seguramente también. Era Eduardo Galeano. Él también anda triste por tu muerte, dice que “el dolor se dice callando”.
Por ti aprendí a querer a los autores latinoamericanos, me presentaste a tus compañeros de batalla, a Saramago, Mutis y Rosencof. Me hiciste escuchar a Sérrat, Nacha Guevara y Rosa León. Cuando te buscaba, los hallaba a ellos, y ahora me doy cuenta que te me andabas escondiendo para que cuando te fueras, no me quedara sola.
Entendí tu alergia a las comas, los puntos, los punto y coma, entendí que solo tú y porque los conocías muy bien, los podías pasar por alto, pero, dime ¿qué les dices a los puntos suspensivos?...
Leí que desde que murió tu esposa enfermaste, ahora entiendo que no se trataba de tus 88 años ni tampoco de tus problemas respiratorios. Moriste de amor, alguien como tú no podía irse de otra forma.
Una vez me explicaste muy bien qué nos queda a los jóvenes en estos tiempos, pero ahora dime, qué nos queda ahora a todos los que nos duele tu muerte.

1 comentarios:

Anónimo 5:37 p. m.  

COMADRE QUE BONITO TE HA QUEDADO...SABES QUE SIEMPRE ME HA GUSTADO LO QUE ESCRIBES Y HOY QUE ME DECLARO UN TRISTE ANALFABETA DE LAS LETRAS DE MARIO, CON TU NOTA ME HAS CONTAGIADO LAS GANAS DE CONOCER MAS DE EL. SALUDITOS TU COMPA QUE TE QUIERE MUCHO...MORRIS

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